Belleza o Trabajo, esta es la cuestión.

José Luis Cardo y Luis Massó Antón


     Resulta harto frecuente, dentro del mundo de la cinofilia y con carácter generalizado, la consideración de que el adiestramiento de un perro para pruebas de trabajo en guarda y defensa presenta, si no una incompatibilidad absoluta, sí al menos un marcado distanciamiento con lo que las exposiciones de belleza representan. Es más, dentro de las pruebas de belleza, una de las singularidades que se dan dentro de la clase abierta para una raza determinada se encuentra en el epígrafe de "Perros sometidos a pruebas de trabajo". Por otra parte existe un convencimiento "vox populi" de que un perro adiestrado en defensa resulta un ejemplar peligroso en su presentación a una exposición de belleza.

    Este tipo de afirmaciones y hechos tan popularmente arraigados carecen por completo de sentido, sin más necesidad que establecer una analogía entre los sistemas de adiestramiento que ambas clases requieren para la adecuada participación en pruebas de uno u otro tipo.

    Utilizando un adecuado sistema de adiestramiento basado en la conversión de refuerzos auxiliares o secundarios en refuerzos primarios para conseguir un estímulo alto y gran motivación, y en una buena condición física capaz de permitir al perro resistir el conjunto de solicitaciones a que está sometido en forma de presión psicológica al enfrentarse a las diversas situaciones que se crean en cualquier tipo de prueba, únicamente precisaremos poseer un animal de morfología excelente para poder participar paralelamente en ambos tipos de eventos (trabajo y belleza) y obtener así un desarrollo integral del animal.

    El motivo de buscar mediante una adecuada preparación un estímulo alto se explica porque el refuerzo que se obtiene en este caso es ambivalente. Resulta frecuente encontrar en exposiciones de belleza conductores que tratan de atraer la atención de su perro mostrándoles comida desde fuera del ring o buscando a su dueño, al que ha perdido de vista por un momento (utilización de refuerzos primarios básicos). Estos planteamientos únicamente sirven para exposiciones de belleza, pues difícilmente podemos preparar una prueba de trabajo reforzando con comida teniendo en cuenta, además, que en éstas es el dueño del perro el que suele actuar de guía. Sin embargo, utilizando un juguete determinado para premiar conductas deseadas, éste se convierte en un refuerzo primario a partir de cierto nivel de motivación, que es el que debemos conseguir a través del adiestramiento.

    En realidad existen pocos conflictos respecto a las diferencias apreciadas a los dos tipos de pruebas. En ambos casos el talante del perro debe ser alegre y elegante; la buena disposición de un ejemplar en una prueba de trabajo es, según el reglamento, exigible. Asimismo, en una prueba de belleza la elegancia del perro resulta en numerosas ocasiones determinante para la obtención de un puesto privilegiado. En ambos casos resulta imprescindible un estímulo alto, ya que de este modo el adiestramiento en cualquier tipo de pruebas resulta de mayor eficacia y sencillez. Por otra parte, en ambos casos podemos utilizar un sistema de reforzamiento basado en intervalos de tiempo variables (que, además, es el más sólido y de mayor resistencia a la extinción), siendo determinante tanto la influencia del guía como la condición física del perro en los dos tipos de pruebas.

    Además, el adiestramiento en pruebas de trabajo, y en particular haciendo especial hincapié a la sección de obediencia, así como la disciplina y el comportamiento ante el figurante, nos permite obtener un control absoluto del perro en cualquier situación, y en particular en una exposición de belleza.

    Finalmente el adiestramiento correcto en pruebas de trabajo mejora el umbral de reacción del animal, resultando más difícil que este resulte agresivo en exposiciones de belleza, sobre todo si utilizamos estímulos discriminativos y evitamos la generalización conductiva en la preparación de estas. Es decir, el perro debe comprender la situación a través de su educación y su experiencia y aprender qué situaciones son agresivas y cuáles no lo son. Por ejemplo, debe fijar el hecho de ladrar ante un figurante estático sin agredirle (ladridos) en una prueba de trabajo y, sin embargo, permanecer inmóvil, sin ladrar, en una exposición de belleza ante el motivador que se utilice. Se puede demostrar que el animal es capaz de fijar estas conductas si el método que se utiliza para conseguirlo es el adecuado.

    Por otra parte, los pocos conflictos que se pueden presentar se resuelven positivamente aconsejando el adiestramiento del animal en las dos disciplinas simultáneamente.

    Por ejemplo, los refuerzos negativos que se pueden utilizar para pruebas de trabajo en los ejercicios de "apport" o rastreos con el tiempo desaparecen pasando a ser positivos. La alegría y satisfacción que produce en un perro el premio que obtiene tras un ejercicio bien ejecutado supera con creces con el tiempo a otros refuerzos básicos, como la comida al final del rastro, prefiriendo jugar con su guía con el motivador en ese momento. Así pues, la comunicación del perro con el guía se constituye con el tiempo en un refuerzo en sí mismo, y seguramente en el de mayor fuerza de todos.

    Por otra parte, la utilización del modelamiento nos permitirá introducir paulatinamente la presión psicológica que cualquiera de este tipo de pruebas ejercen sobre el perro. Así, vamos introduciendo de forma gradual estímulos de modo que al final del proceso las condiciones de entrenamiento son idénticas a las de una prueba de uno u otro tipo, incluyendo presiones de otros perros, presión del juez, del público, condiciones ambientales extremas, estímulos externos similares a los de la prueba, etc. De este modo una progresión en la preparación nos conduce, al final del proceso de adiestramiento, a una seguridad respecto del comportamiento del perro bajo cualquier tipo de condiciones.

    Para la corrección de defectos conductivos utilizamos simplemente la extinción. El problema en este caso radica en la localización de los esfuerzos que llevaron a la fijación de esa conducta negativa, pues en la mayor parte de las ocasiones éstos se produjeron de forma involuntaria por parte del conductor o guía.

    Ya para terminar, únicamente exponer nuestro humilde propósito de erradicar mediante la exposición de estas ideas lo que consideramos un error generalizado de apreciación al considerar que el mundo de las exposiciones de belleza y el mundo del trabajo discurren por caminos divergentes. Todas las afirmaciones expuestas con anterioridad, que, afortunadamente, no quedan únicamente en meras consideraciones teóricas y que nos muestran la evidencia del "paralelismo convergente" de ambos tipos de pruebas, es decir, su complementación, aun siendo discutibles, también lo son demostrables, como está ocurriendo en la actualidad con varios ejemplares jóvenes que están siendo el banco de pruebas que permiten asentir todo lo anteriormente expuesto. Sin ir más lejos, en fechas recientes tenemos el ejemplo de "Kirby de Covalta", que en un intervalo de un par de semanas obtuvo su Campeonato del D.C.E. '96 en belleza y superó con éxito su I.P.O. 3 con excelente calificación.

José Luis Cardo Beltrán y Luis Massó Antón (Covalta)

EL MUNDO DEL PERRO. Abril 1997.